El bombo tiene dos parches de piel cruda, generalmente uno de oveja y otro de cabra. Con el pelo hacia afuera, se cosen, una vez estaqueados y lavados, a unos arillos de madera flexible, como la del molle o la del sacha-lazo o lokonti, una especie de bejuco silvestre.
El diámetro de estos dos parches ( piel cosida al arillo ) es sólo un poco mayor que el de la boca del cuerpo o casco.
Para tensarlos, hay que hacer los aros: se curvan a fuego unas tablas humedecidas de quebracho blanco para formarlos, y han de ajustar muy bien sobre los arillos. Un sistema de tirantes de cuero, llamados tientos, recorre en zigzag el instrumento de un aro a otro rodeando al casco, y pasando por unos tensores hechos también de cuero, que van sujetos a los aros.
Los tientos, a su vez, son recorridos de dos en dos por unas trabas hechas de cuero, que al ser subidas, fuerzan a los parches a tensarse.( Digamos que una forma de V se convierte en una Y ) Cuantos más tensores tenga el legüero, más precisa será su afinación. Un bombo de calidad no puede tener menos de seis en cada aro.
También es importante para el buen sonido del instrumento que no existan imperfecciones ni en el interior del casco ( aristas, nudos o astillas ), ni en el revés de los parches ( nervios o restos de piel ). Cuanto más pulido esté el interior de un bombo, más limpio será su sonido.
El bombo se toca con palillos de madera resistente como el molle, el lapacho o el palo amarillo, o al estilo tradicional, con palillo y maza, y se golpea tanto en parches como en aros y exterior del instrumento. Este tiene un pequeño orificio cerca de la línea media del casco, que sirve para dejar salir el aire comprimido por los parches al ser golpeados.
El casco del bombo de ceibo recién acabado es de un color blanco hueso, pero se va oscureciendo poco a poco, y va tomando con el tiempo una hermosa tonalidad miel.