A partir de lo que él mismo nos contó, sabemos que Mauricio ya comenzó a interesarse por la música argentina cuando estaba en Mas Birras. De hecho, algunos de los temas compuestos por él en esa etapa ya sugieren este interés. La desmarcación del grupo vendría un poco más tarde.

        Su atención se centró al principio en el tango, del que se documentó bien y a fondo: de la mano de Javier Barreiro, a quien "asaltaba nevera, discoteca y biblioteca a un tiempo".

       Conocía y se acordaba, según él, de unas ochocientas letras de tango, que te podía cantar y tocar si se lo pedías.

       El tango dio paso a la milonga, un tipo de música rioplatense, del que también Mauricio se documentó a fondo, y llegó a componer algunas de gran valor, como la Milonga con Ruedas, dedicada a su bicicleta. También tiene algun candombe compuesto, que acabaremos grabando algun día...

       Como es natural, terminó escuchando a Cafrune, a José Larralde y a Atahualpa Yupanqui, y con este último, tocó un enorme filón, esto no hace falta que lo digamos nosotros, porque dio con otros ritmos más norteños, de mayor presencia rítmica, que quiza era lo que Mauricio andaba buscando. Sin embargo no abandonó la milonga, un género que mantuvo durante bastante tiempo, y con el que comenzó su faceta de concertista en solitario.

       Su contacto definitivo con la chacarera, Santiago del Estero y el resto del folklore ocurrió en el año 94, cuando se organizó en Zaragoza el Festival de Amigos de Latinoamerica, en el Principal, en el que él intervino junto a Paco Ibañez, Xavier Ribalta, Javier Krahe, Jose Antonio Labordeta, Joaquín Carbonell y Carlos y Alicia, y del que surgió un viaje a Chile.

       Mauricio se embarcó en ese viaje a Chile con otros dos cantautores aragoneses (Carbonell y Petisme) y, una vez allí, se descolgó para irse a Buenos Aires. Allí se entrevistó con José Larralde (al que recordaba como un tío estupendo), y de donde lo encaminaron al norte, a un lugar donde en aquella época, (mes de Febrero) se hace anualmente un festival nacional en la provincia de Córdoba: el festival de Cosquín. Si quería conocer folklore, allí lo iba a encontrar. Y vaya que si lo encontró.

       Con más cara que espalda, se presentó en Cosquín en calidad de periodista, y nada más llegar, fue testigo de una bronca protagonizada por dos monstruos del folklore argentino, Horacio Guarany y Ricardo Novo (Ica Novo), que tenían muy distintos puntos de vista con respecto al grado de aperturismo de ese festival. Los pilló discutiendo en medio de un corro de periodistas y de gente.

       Guaraní, un cantante y compositor con mucha historia a las espaldas, abogaba por un festival exclusivamente folklorico, protagonizado únicamente por folkloristas clásicos; Ricardo Novo, mucho más joven que su interlocutor, opinaba que las nuevas tendencias le parecían muy bien, que le gustaba igual Yupanqui que los Beatles. Guaraní se cabreó y lo llamo sorete (capullo), y le dijo que parecía mentira que alguien que había compuesto una canción tan buena (una chacarera llamada la del norte cordobés), dijera esas tonterías. Luego se largó.

       Mauricio, que había asistido a la movida sin enterarse de nada, le preguntó a Ica, como periodista, de qué iba la historia. Este le  preguntó a su vez por el periódico en el que trabajaba. Mauricio dijo que no era argentino, que era español. ¿- de qué parte de España?- preguntó Ica, y cuando el Mauri le dijo que era de Zaragoza, Ricardo Novo dijo. -¡no jodas!¿no conocerás a Curro Fatás, y a Fulano y a Zutano..?- claro, le dijo Mauricio, y el otro, que tiempo atrás había vivido varios años en Zaragoza, le pegó un abrazo y se lo llevó a conocer todo lo bueno de Cosquín: a las Peñas, a los artistas amigos, etc. Mauricio acertó de lleno y a la primera. En esos paseos por las calles  coscoínas conoció a Demi Carabajal, el menor de los hijos del llamado Padre de la Chacarera, Carlos Carabajal, y le llamó muchisimo la atención su manera de tocar y de cantar. Hicieron amistad, y ese fue el comienzo de la relación entre la familia Carabajal, de Santiago del Estero, y de un grupo español, el nuestro, que todavía no existía como tal.

       



       

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LA FACETA ARGENTINA DE MAURICIO

Los que habeis seguido al Mauricio rocker seguro que sabeis mucho de su historia en este tipo de música, pero quizás desconozcais la otra faceta, la etapa argentina, en la que compuso canciones extraordinarias. Aquí la iremos contando e ilustrando, según vayamos consiguiendo nuevo material.

por Jaime González

       En otoño del 1994 Mauricio y yo nos conocemos, (casualmente,  yo había conocido años atrás a Ica Novo) y empezamos a trabajar juntos: dimos un primer concierto en los Pilares de ese año en el edificio Pignatelli. En contacto con Juan Carlos Carabajal, que nos envía material de trabajo (cassetes y libros), profundizamos en el folklore de Santiago del Estero. El plan de Mauricio era invitar a Carlos Carabajal a venir para el Pilar del año siguiente, cosa que no se conseguiría. Sin embargo, Mauricio no se dió por vencido y siguió haciendo gestiones para traerlo al año siguiente. 
       
       A todo esto conocimos a Jaime Lapeña, violinista multifacético, que aceptó el desafío del estilo sachero (rústico) del violin santiagueño. Ya éramos tres, y ya teníamos las bases de la orquesta folklorica del norte argentino: guitarra bombo y violín. Mauricio solicitó la grabación de un disco en Delicias Discográficas, que se grabaría en unos seis meses y se llamó De la Noche a la Mañana. En él colaboraron Alberto Moreno, del Amankay, Gabriel Sopeña, amigo de Mauricio, y el bajista Javier Estella. Salíó en el 95, y se presentó en la Rotonda de Delicias.
       
       En el año 1996 Mauricio se casa con Olga, y su viaje de bodas tiene como destino Argentina: Capilla del Monte, en Córdoba, Buenos Aires, donde visitan a Esteban Sarlenga, que había formado pareja artística y sentimental con Yamila Cafrune, viajan a Salta, Jujuy y también, como no podía ser de otro modo, a Santiago del Estero, a la Banda, calle Alberdi 1345, la casa de Carlos Carabajal, que les acoge unos días, y que calma la curiosidad de Mauricio enseñándole técnica de rasguido y un montón de chacareras, zambas y otras canciones.

       Mauricio vuelve con la determinación de traer a Carlos Carabajal a España, y busca apoyo en las instituciones: consigue abrir la difícil puerta de la Hispanidad para las fiestas del Pilar, algo en lo que Mauricio había insistido siempre, y conseguimos una actuacion  en la plaza del Pilar, y otra en la Carpa de Moret para los Pilares de ese año. Además, se las ingenia para conseguir la grabación de un disco con el sello Tecnosaga, de Madrid.

       Carlos Carabajal viaja con su esposa Doña Zita a primeros de Agosto del 96. Se graba el disco en tres días, y después nos invitan a tocar en un local de La Granja de San Ildefonso, entre Segovia y Madrid. El ambiente no es el ideal, y Carlos no se encuentra muy bien. Al dia siguiente amanece enfermo, lo que nos obliga a viajar urgentemente a Segovia, donde ingresa en un hospital durante casi un día, y después, bajo nuestra responsabilidad, nos trasladamos a toda prisa a Zaragoza para ingresarle en el hospital Miguel Servet, con una insuficiencia renal. El susto es mayúsculo, y bien que se lo recalcan los médicos del Servet al pobre Mauricio, diciendole que podía haber fallecido en el trayecto. Pero la capacidad de recuperación de Carlos Carabajal es extraordinaria, y a los dos días ya está organizando los ensayos con los dos Jaimes, Mauricio, el Amankay y Mariano Abad, director entonces del Coro de la Escuela Municipal de Música. Se hicieron varios conciertos además de los ya programados para el Pilar en la Plaza de la Seo y en la Carpa de Moret: en Borja, en Cariñena, en el Colegio Mayor Cerbuna, en la Campana de los Perdidos, donde el público le pedía otra canción, y otra, hasta totalizar tres horas y media de actuacion.





























También en Cosquin Mauricio conoce a un excelente guitarrista , Atilio Fischer, que tocaba con un cantante e instrumentista, Esteban Sarlenga. Traban amistad y Mauricio los invita a ir a España. Ellos aceptan y esa misma primavera pasan mes y medio aproximadamente en Zaragoza, en casa de un amigo músico, el compositor y guitarrista Carlos Arroyo.
       Tras el regreso a Argentina de Carlos Carabajal, Mauricio decide ampliar el grupo: tiempo atrás había colaborado con Carlos Arroyo y Alicia Fernandez tocando con ellos el contrabajo, y al enterarse de que habían dejado de trabajar juntos, le propone a Alicia venirse a cantar con nosotros. Así incorporamos una voz femenina al grupo, comenzamos a cantar por ahí, y al poco tiempo nos ponemos a grabar una maqueta promocional en el estudio de grabacion del local del grupo Amankay. Fué por entonces cuando apareció el nombre del Almagato. Se grabaron siete canciones en seis tracks, y el resultado le gustó tanto a Mauricio que decidió comercializarlo: Se llamó Siete canciones al modo argentino. En aquel CD había un tema de Peteco Carabajal, Canción para la estrella azul, estaba Razón de vivir, una canción de Víctor Heredia, y cinco temas compuestos por Mauricio: Vidala del Monte, Aunque vayan diciendo, La Enamorada, Coplitas para mis pasos y Apenitas. Mauricio buscó apoyo para la producción del disco y lo encontró en su amigo Carlos Gurpegui, quien desde la revista La Mosca colaboró en la edición.

       Pasados los pilares de aquel año 98, le comentan a Jaime que ha llegado a Zaragoza una chica argentina que canta folklore y está interesada en conocer gente que actúe. Queda con ella en el bar El Sol, y después acuden a casa de Mauricio, en donde había ensayo del Almagato. Se llama Patricia Badian, es bonaerense, y ha venido a Zaragoza a estudiar canto lírico, pero le gusta el folklore y toca percusion. A Mauricio le gusta su voz, propone incluirla en el proyecto y así entra Pato a formar parte del grupo. 
       




continuará
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       Con esta formacion de quinteto, el Almagato se pone a defender en directo el CD: se hacen muchos conciertos en diferentes locales y centros culturales, charlas, conferencias, y Mauricio propone reservar lo que se saque de la venta del disco para viajar a Argentina y asistir al 28º Festival de la Chacarera, que se celebra anualmente en la Banda, en la provincia de Santiago del Estero, y así responder a la invitación que nos hace Carlos Carabajal.
       Almagato viaja a Argentina el 1 de enero del 2000. Lo hacemos en dos vuelos diferentes, Mauricio y yo en uno, y Ali, Pato y Jaimito en otro. El síndrome del milenio se nota, porque vamos prácticamente solos en el avión. En Buenos Aires visitamos a unos amigos de Patricia, con los que se queda un par de días. Más tarde viajarán todos a Santiago para estar con nosotros en el festival. Son músicos, básicamente percusionistas, y la buena onda es inmediata.
       De Buenos Aires viajamos en autobús a Santiago: 12 horas. Los autobuses argentinos son bastante cómodos: están pensados para las grandes distancias y sus asientos se reclinan casi totalmente, así que viajamos durmiendo.




Una charla en la facultad de Filosofía y Letras
Calles de La Banda después de un aguacero
Mauricio, Carlos y Jaime. Borja, 1996
El Puente Carretero sobre el Río Dulce
   Ica Novo
Horacio Guarany
Mauricio, Atilio y Esteban, Zaragoza, primavera de 1994
En casa de Carlos Carabajal con Cuti y los chicos. Cantan Rozario y Florencia (4 años), dos nietas de Carlos.
En el patio de Carlos. Bailan Riqui, Rozario, Santiago y Florencia,  nietos de Carlos.
Dia de Reyes. Hemos traído carbón de azúcar para los chicos , y Carlos aprovecha el asado que  se está preparando en el patio  y les gasta una broma a sus nietos.

Luis Lazarte y Mauricio por las calles de Santiago
Mogollón en la puerta de la casa de Carlos.
Mauricio y Roxana Carabajal en el Río Dulce

Luis Lazarte y Mauricio guitarreando
En casa de Martin Rodríguez

Con Alberto Avila. ¡Ya tenemos bombo !

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continuará
En el patio de Froilán González, música y brujería...

       La Banda es una localidad al otro lado del Misqui Mayu, el Río Dulce, que pasamos sobre el Puente Carretero. Muchas de sus calles son de tierra. El calor, lo normal en Enero, es tremendo en Santiago. Carlos nos está esperando en la estación. Nos ha reservado unas habitaciones en una especie de bungalow que hay a la vuelta de su casa. Pero las comidas y las reuniones las hacemos juntos en su casa. Hoy ha venido Cuti, el hermano de Carlos, con sus  hijos Agustín,  Florián y Belén. En la sobremesa, se canta y se charla.

       En Argentina, y en especial en Santiago, como en la antigua Córdoba española, es tradicional la reunión familiar en el patio, por  lo general cuando cae la noche y refresca un poco. Una mesa, algo de comida y bebida, y música, y ya hay entretenimiento para toda la noche. Los chicos ya bailan con gracia, aun los más pequeños, como Santiago, que no llega al año y apenas acaba de dejar de gatear.


       Esta temporada en La Banda nos permite conocer gente extraordinaria. A Luis Lazarte ya lo conocia yo de viajes anteriores. Mauricio traba rápida amistad con él gracias a la guitarra, de la que ambos son apasionados. Algo parecido ocurre con Alberto Ávila, músico y luthier, al que visitamos para conseguir un bombo, puesto que necesitamos uno para participar en el festival. El rollo es tan bueno, que al final le compramos varios.
       Alberto Ávila nos sugiere que visitemos a Martín Aníbal Rodríguez, un violinista ya anciano, del que nos dice que es interesante conocer. Y vaya que si lo es. Ochenta y cuatro años y una vitalidad y una chispa increíble. Eso sin contar cómo tocaba el violín...
       Gabriela Daga es una buena amiga de la familia Carabajal, y entusiasta de la música santiagueña. Ella nos llevó a ver cómo era el ambiente en el patio del Indio Froilán González, el constructor de bombos más famoso de Santiago, y por lo tanto de Argentina. Allí se organizan asados los domingos, con actuaciones, baile y música.
       De Juan Carlos Carabajal podemos decir que nos ayudaba  ya desde antes de conocerle en persona, puesto que nos envió por correo compilaciones de música santiagueña a España, con comentarios e indicaciones, y una vez en Santiago, nos pasó ejemplares de su revista, Santiago, Guitarra y Copla, nos facilitó bibliografía, nos orientó con una chacarera que habiamos compuesto Mauricio y yo, y hasta la fecha seguimos en contacto, y él continúa llevándonos por el buen camino.
      Roxana Carabajal es, además de guapísima, como su madre y su hermana Valeria, una persona encantadora, vital y simpática, y canta como los angeles: ambas hijas de Graciela, la mayor de los hijos de Carlos, son, claro, nietas suyas, pero como se han criado en la casa de Carlos, al que adoran, le llaman papi. : - ¿"Lo han visto a mi paápi?" se les oye decir con ese acento santiagueño tan peculiar.
       Guardo para el final  el encuentro que más nos impactó a Mauricio y a mí, que fue conocer a quien hasta entonces era nuestro ídolo, y que a partir de ahí se convirtió en nuestro amigo. Volvíamos de una excursion por Santiago, y como siempre, comíamos en casa de Carlos, en la calle Alberdi 1345. La mesa de Carlos, enorme, siempre estaba llena de gente nueva a comer, y como los Carabajal son tantísimos, uno nunca sabe si la cara nueva que tienes a tu lado es de la familia o no. En esa ocasión llegábamos un poco tarde y ya estaban comiendo. Cuando entramos, uno de los comensales, que estaba de espaldas a nosotros se levantó limpiandose la boca, y se volvió para saludarnos. Ví a Mauricio, que iba delante mío, quedarse rígido al darle la mano, y entonces me dí cuenta de que era Peteco quien nos saludaba. Ahí fue cuendo nos conocimos, y en la sobremesa, en la que, cómo iba a faltar la música, Peteco sacó una quena, se puso a tocar con ella, y luego me la pasó: era (es) una pieza bellísima, totalmente tallada en madera por un artesano boliviano al que conocemos, Juan Achá, y recuerdo que yo toqué una vidala de los hermanos Abalos, De Lejos Parece un Humo. Peteco me preguntó qué me parecía el instrumento, y yo claro, le dije que era una maravilla, una obra de arte, con un sonido limpísimo, etc.,  y Peteco va y se repantinga en la silla y me dice:" -Llevála..."
       Yo no me lo creía. Al principio no pude reaccionar. Luego protesté. Dije que cómo me iba a quedar con semejante maravilla, pero Peteco no me dejó seguir, y yo le dije que por lo menos me dejase regalarle la quena que yo había traído, que casualmente era del mismo artesano, pero sin comparación, porque la mía era normalita, de las de caña. Recuerdo que fui llorando de la emoción a por ella. Después, comentando con Mauricio el episodio (yo seguía sin entender por qué, a las dos horas de conocerme, uno de los principales músicos de Argentina me regala un instrumento de su propiedad que yo sabía que era muy valioso).
        Mauricio, en uno de esos rasgos de su grandeza, me dijo: - "A lo mejor te la ha regalado porque te lo mereces..."
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EN SANTIAGO DEL ESTERO
        Otra relación importante surge a través de dos buenas amigas, Blanca y Angelita, que le presentan a una cantautora argentina residente en Binéfar, con la que establece enseguida un fuerte vínculo tanto musical como de amistad. Este vínculo perdura, y nosotros seguimos en contacto estrechísimo con Gloria Geberovich, que es una excelente amiga y una extraordinaria compositora, que ha colaborado en muchas de las actuaciones y discos del Almagato.
Mauricio y Gloria
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